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Parece ser que, en general, la gente no parece muy satisfecha con su vida. Cuando hablamos de nuestro día a día normalmente es para quejarnos: «mi jefa me ha dicho aquello», «mi hijo llora demasiado», «mi pareja no me escucha lo suficiente», etc. ¿Cómo podemos sentirnos mejor con nosotros mismos -y, en definitiva, más felices- si solo nos centramos en lo que va mal?

Antes de ser psicóloga, fui profesora de francés yme gustaba empezar mis clases con el mismo ejercicio: “Decidme un momento positivo de vuestro día”. La respuesta que obtenía las primeras veces era “nada”. ¿Realmente tan sosos son nuestros días? ¿Tan desanimados nos sentimos?

Y tú, ¿respondes lo mismo que mis antiguos alumnos?

Cada vez que recibía la respuesta “nada”, insistía un poco: “¿No ha habido un solo momento del día que te hiciera sonreír, en el que te sintieras feliz? “. Tal y como les explicaba, este momento positivo puede ser cualquier cosa que les haga más fácil el día, aunque parezca una tontería: desayunar con las personas que amas, cruzarse con alguien que te sonríe en la calle, disfrutar de un hermoso paisaje conduciendo, saborear tu bebida preferida…

Aunque puedan parecer momentos muy cortos en el tiempo, al sumarse pueden hacerte sentir más feliz con tu vida y contigo.

Muchos de mis alumnos tenían problemas para pensar en algún momento del día que se hubieran sentido bien, a gusto, un poco más felices. Entonces me surgía la pregunta: ¿no tenemos momentos de felicidad en nuestros días o (ya) no los vemos?

Nos olvidamos de disfrutar

En mi experiencia personal y profesional me doy cuenta de que tendemos a centrarnos en lo que está mal y, a menudo, a olvidar lo que va bien. Y aunque estos momentos están presentes en nuestro día a día, simplemente no los vemos. Estamos tan centrados en nuestro día a día, en la siguiente reunión o tarea… que hacemos sin disfrutar. Ya no damos importancia al café de la esquina donde nos ponen el café tal y como nos gusta, ni al beso de despedida de cada día de nuestros hijos, ni valoramos las buenas relaciones que mantenemos con amigos y compañeros de trabajo, ni esa canción que nos gusta que empieza a sonar justo al encender la radio. Y estos momentos de felicidad -algunos fugaces, otros no tanto- desaparecen en el olvido. Y nos acabamos sintiendo tristes, desanimados y «amargados»

¿Cómo cambiarlo?

¿Cómo podemos ser más felices? ¿Qué tenemos que cambiar? Muy fácil: solo tenemos que recuperar estos momentos, buscarlos activamente para que no desparezcan como si nada. Fijémonos en ellos. Parémonos también un momento para disfrutarlos. Podemos saborear este café con intención, en lugar de beberlo deprisa y pensando en lo que haremos luego. Podemos deternos 30 segundos y disfrutar de lo bonito que está el cielo, no nos viene de 30 segundos, ¿verdad?

Poder (re)descubrir los pequeños placeres de nuestra vida diaria, (volver a) valorar lo que nos gusta, disfrutar al máximo de estos momentos agradables provocará que seamos más conscientes de estos pequeños momentos de felicidad. Y al ser más conscientes de estas chispas de felicidad, nos permitirá sentirnos más felices en general.

Los problemas no dejarán de estar y tendremos que lidiar con ello, pero ahora también veremos los puntos positivos que tiene nuestra vida. Tendremos una visión más completa de nuestro día a día, con negros y grises de dificultades y también azules y verdes y amarillos de estas chispas que disfrutamos.

En resumen, valorar estos momentos por lo que son: chispas de felicidad que existen, que ya tenemos, y que nos permiten sentirnos más felices y más satisfechos con nosotros mismos y con nuestra vida.
¿Cuáles son vuestras chispas de felicidad cuotidianas?

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